
En el colegio había conciertos de estudiantes dos o tres veces al año. Ocurrían en actos cívicos, en “talent shows” o en plazas públicas previas a las elecciones estudiantiles.
Nos daban clases de música una vez a la semana solo durante medio año. Había un coro de muy buen nivel. Teníamos autorización de llevar la guitarra y sacarla durante los almuerzos. Era permitido usar el discman o el walkman durante los recreos… Así como en cualquier colegio.
Hace pocos días alguien en Twitter preguntaba los motivos por los que del Colegio Metodista sale tanto músico. En mis cálculos aparecen al menos 18 ejemplos de personas que pasamos por ahí en algún momento durante el periodo 2001 – 2004. Tal vez se me olvida alguno pero por lo menos los 18 de la lista los puedo mencionar sin miedo a equivocarme.
Como los tres miembros de Foffo Goddy pasamos por las aulas del “Meto”, aproveché este espacio para el recuento de los músicos activos hoy y que en algún momento durante mis días de colegio vi caminar por aquellos pasillos que no parecían teer ningún incentivo particular para que practicáramos la música.
Acá va en orden descendente en términos etarios y con las respectivas bandas actuales de cada uno:
Iván Alfaro (Arsenal, Elegant View)
David Ramírez (Anónimo y otro proyecto en camino)
Allan Rojas (Patterns)
Kabek Gutiérrez (Mr. Gone and the Invisibles)
Luis Vargas (Señor Tijeras)
Paola Rogue (The Great Wilderness)
Daniel Patiño (Patiño Quintana)
Sebastián Loaiza (Patiño Quintana)
Giovanni Sancho (Mr. Gone and the Invisibles)
Daniel Bissinger (Foffo Goddy)
Arturo Pardo (Foffo Goddy)
Amanda Velásquez (Patiño Quintana)
Narayan Barrantes (Akasha)
Nacho Paez (Cocofunka, Un Rojo)
Brian Torres (110 St.)
Esteban Ureña (Patiño Quintana, 110 St.)
Andrés Patiño (Patiño Quintana, Percance)
Juan Carlos Pardo (Lucho Calavera y la Canalla, 424)
En orden usual: Amanda Velásquez (Patiño Quintana), Narayan Barrantes (Akasha), Daniel Bissinger (Foffo Goddy) y Roy Artavia (¡Roy toque con alguien!) La foto pertenece a un tributo a Nightwish en el 2005.
Síncopa fue un grupo que nació en el Metodista. Luego murió fuera de él. En la foto: Brian Torres (110 St.), Juan Carlos Pardo (un montón de grupos que acá no caben), Esteban Ureña (110 St. y PQ). Foto de por ahí del 2007.
Este sábado en el Cenac vamos a tocar siete de los músicos de esta lista, entre los que somos parte de Patiño Quintana y Foffo Goddy.
A Daniel y Andrés Patiño, los recuerdo cuando tocaban con un grupo que se llamaba 12 Onzas, era un cuarteto que tocaba rock alternativo. En el 2001 o 2002 nos ganaron (a Symbiosis) en un talent show, por lo que yo los odié por el resto del año. (Ya no los odio muchachos. Lo juro. Mi hermano creo que tampoco los odia… pero no puedo asegurarlo.)
Amanda, Bissinger y yo aprendimos a cantar juntos… o por lo menos durante la misma época. Éramos compañeros del coro y en quinto año teníamos un profesor que nos acusaba con el director del coro porque cantábamos en clase (pfff).
Esteban Ureña y Juan Carlos tocaron juntos en un grupo instrumental de música fusión que se llamaba Síncopa. Era realmente un buen grupo y los chapas lo dejaron botado de camino, caray.
Chivear con los compas de hace años es quizá de lo más chuzo que le puede pasar a uno como músico. Ya han pasado mucho tiempo desde que todos estos nos conocimos gracias al colegio pero lo importante no es eso, sino que a estas alturas podemos seguir compartiendo la música, pero más que nada, que seguimos siendo grandes amigos. De eso se trata el concierto de este sábado. Ahí vamos, en las mismas que hace casi 10 años.
Escrita por Arturo.
Escrita por Arturo.
Los tres miembros de Foffo Goddy tocamos solo una vez juntos antes de ser parte de un mismo grupo. Aquello sucedió en diciembre del 2006, es decir, seis años antes de que estuviéramos de nuevo los tres en una misma tarima.
Sobre ese concierto hablaremos más tarde pero primero vámonos más para atrás, cuando éramos más niños y los vellos faciales apenas empezaban a asomársenos.

Los primos-hermanos de Symbiosis vestíamos con mucho estilo. (1997)
En el año 2000 mi hermano Juan Carlos, dos primos (Miguel y Gabriel Vargas) y yo armamos un grupo. Lo primero que tuvimos fueron los integrantes, después de eso teníamos que aprender a tocar instrumentos y comprarlos. Es decir, éramos un grupo en el que ninguno de los cuatro sabía tocar algo y tampoco tenía instrumentos.
Antes, a lo único a lo que le habíamos dado era a los redoblantes o tenores de la banda de la escuela Metodista, por la cual habíamos pasado todos en algún momento.
Mi hermano siempre cuenta esta historia en otra versión a la mía, pero hasta donde yo me acuerdo en aquel grupo inexistente el que iba a tocar batería iba a ser yo. ¡Sí señor! Había tocado timbaleta en la escuela y me la jugaba bastante bien, por lo que me sentía con suficiente derecho a reclamar el puesto sobre la banqueta.
Sin embargo, Juan Carlos, como buen hermano menor y copión, dijo que él quería meterse a clases de batería, y nunca dio el brazo a torcer. Había estado en la banda desde que estaba en preparatoria, era como un niño prodigio que servía casi que de mascota para que las mamás soltaran un tierno “aw” cada vez que lo veían dándole a un tambor de plástico en el desfile del 15 de setiembre.

El primer tambor de Juan Carlos era marca Fisher Price. Terminó destrozado. (Foto de 1994.)
Volviendo al 2000, Juan Carlos se puso a buscar ventas de baterías en los anuncios económicos. Una vez encontró una que vendían en c5.000. Llamó al vendedor y resultó ser una batería de carro, bien barata por cierto. En un segundo intento, la compra fructificó y volvió a la casa con una batería vieja marca Lazer, de c25.000. pintada de azul escarchada y una gran calcomanía de Colémesis en el parche del bombo.
Con tal de que no hubiera dos bateristas en la misma casa, a mí me correspondió ceder y aprender a tocar guitarra. Mi regalo de cumpleaños número 13 fue una guitarra eléctrica Yamaha GPX de segunda mano comprada en Heredia. Además, mis papás me regalaron un amplificador de 5 watts, de esos que uno se guinda en la faja. Eso era lo mío.

En sétimo año lo mío era peinado al estilo “Salserín”. (Foto del 2000)
Gabriel se compró un bajo que venía en un estuche de madera que parecía un ataud, mientras que Miguel decidió que quería aprender a tocar clarinete para más tarde aprender a tocar saxofón. Sin embargo al final terminó tocando teclado. Mientras tanto, el grupo que ya tenía nombre: Bachelor’s Button.
El nombre era poco apropiado para una banda que cantaba todo en español, con una identidad poco clara, nada más con la vaga idea de que lo que tocábamos era rock y ya. Así, sin etiquetas más exactas a falta de conocimiento para encasillarnos más.
Ensayábamos en mi casa los fines de semana y grabábamos en cassette, en un equipo de sonido con dos caseteras y un tocadiscos. Como no había un espacio apropiado para grabar decentemente, nos repartíamos a lo largo de un pasillo y cerrábamos el cuarto donde estaba la batería, para que no sonara tan fuerte. Ayy, tiempos aquellos…
El nombre Bachelor’s Button duró poco, antes de pasar a llamarnos Symbiosis. Así, con esa escritura.
En nuestro concierto debut, en un acto cívico del colegio, tocamos una pieza original instrumental que se llamaba Fórmula 1, y tres covers: Wipeout de The Surfaris, De música ligera, de Soda Stereo y Smells Like Teen Spirit, de Nirvana… curioso porque eran tres bandas que nunca escuchábamos.

Única foto oficial de Symbiosis, un año antes de su formación. (1999)
Luego compusimos otras piezas que se llamaba Insomnio y otra más Twister (como la película, o como el juego (cc. Colocho), o como el burrito de KFC o como un desaparecido helado de Dos Pinos).
Tocábamos con amplificadores propios y con un público reducido que se limitaba a los más compas de nosotros cuatro, de no ser por las actividades organizadas por el colegio, en el que a la gente no le quedaba de otra que oírnos en el gimnasio, en medio de actos protocolarios y demás actividades de esas que son, a final de cuentas, obligatorias.
Como Juan Carlos seguía en la escuela, mi mamá tenía que ir a llevarlo a las instalaciones del colegio cada vez que íbamos a tocar, se esperaba a que le diéramos y un rato después volvía a llevárselo. En los conciertos, como gran contribución al espectáculo, de vez en cuando tirábamos confites al público y ya. Eso era lo más interesante que hacíamos.
Después de un año de existencia, Miguel decidió dejar la banda y nos quedamos como trío: Gabriel, Juan Carlos y yo. Así seguimos componiendo canciones con letras poco inspiradoras e intercalándolas con covers que solo tocábamos una vez y luego desechábamos. En esa lista, en diferentes épocas le dimos a canciones como Entre dos tierras (Héroes del Silencio), Nothing Else Matters (Metallica), Come Togheter (Beatles), Wonderwall (Oasis), Song 2 (Blur), Zombie (Cranberries), Mama i’m Coming Home (Ozzy Osbourne) y When I Come Around (Green Day)… ah sí, y alguna pieza de Maná.
El cover más curioso que tocamos fue Fear of the Dark (Iron Maiden) , lo tocamos en un show de talentos con una sola guitarra, bajo y batería. No habrá sido la versión más llamativa de semejante pieza, pero para nuestro criterio colegial, no sonaba tan TAN mal.
En el 2002 estábamos en nuestro “mejor” momento y decidimos que era hora de grabar. Rodrigo Romero, un amigo del colegio que también tocó con nosotros un par de veces tenía un equipo pequeño pero útil para grabar algo básico. En la casa de él grabamos nuestro “demo” más decente, en comparación con el resto de piezas que teníamos registradas únicamente en cassette y en versiones de ensayo.
Así quedaron para el recuerdo dos de las canciones que más nos gustaban en aquel momento: Extinción Masiva, con letra de Gabriel y Señor Océano, con letra mía. Extinción Masiva sonó una vez en Punto de Garaje, en Radio U, mientras que de la grabación si acaso hay dos versiones físicas en discos marca Maxell con un “Symbiosis” escrito en pilot. Ahora uno escucha ambas grabaciones y resultan graciosas de principio a fin, pero como dice el popular dicho (nuevo, por cierto): “lo gracioso no le quita lo valioso”.
A finales del 2002 Gabriel ya salía del colegio y eso equivalía a acabar el grupo. Y no que fuera culpa de él, pero fue a lo que llegamos por mutuo acuerdo. Como Facebook no existía, no podíamos anunciar el final de la banda. Nunca hubo concierto de despedida ni repartición de bienes. Hasta ahí llegó Symbiosis.
…cuantas cosas han pasado.
Le damos gracias a Marco Antonio Solís (“El Buki”) por tan sabias palabras; de hecho son las únicas que le conocemos. Con eso estamos bien, por ahora no nos hace falta conocerle más. Por cierto, un saludo a toda la gente de almacenes El Verdugo, gracias sus comerciales tan graciosos.
Ya se fue la Navidad y se acabó el 2012. Ahora empieza el 2013 y, a pocas horas desde que inició, es buen momento para hacer un recuento de lo que sucedió en sus 12 meses, en sus 365 días y algunos minutos adicionales que parecen no importarle a nuestro calendario.
En Foffo Goddy rememoramos rápidamente este año como uno muy positivo: nos dejó buenas enseñanzas, experiencias y amistades. Ahora, al comenzar un año nuevo, también nos abre los ojos y nos permite ver que hay muchas cosas por hacer, la primera de ellas: ponernos las pilas, pero bueno, vamos con el recuento.
En el 2012, en enero, exactamente, lanzamos nuestro primer disco, el homónimo Foffo Goddy. Lo regalamos y todavía ahí está en el mismo lugar, disponible como un obsequio de siete canciones, todas originales, todas grabadas tal cual las tocamos en conciertos. La salida del álbum nos trajo una enorme alegría y nos abrió muchas puertas, tanto en medios de comunicación, en la escena musical, en escenarios locales y especialmente en el cariño de la gente que disfruta nuestra música. Gracias por eso.
En ese mismo mes, Alerta Rock (una iniciativa de Rock Ice) nos invitó a ser parte de su cartel de artistas mensuales, nos organizaron un concierto, nos llevaron a la radio y nos hicieron un video todo chuzo por el cual todavía hay gente que nos relaciona con un lago. Valió la pena.
Setlist del concierto de Bob Dylan. Foto por Leo Carvajal.
En mayo abrimos el concierto de Bob Dylan en el Palacio de los Deportes. No lo conocimos, pero igual ya sabíamos que eso iba a suceder. La experiencia fue realmente enriquecedora y nos ayudó a que en varias partes nos tomaran más seriamente. Gracias por eso también. Si bien ese es el concierto que más exposición nos dio este año, en el 2012 también compartimos chivos con excelentes músicos y amigos con los que antes no habíamos tocado, por ejemplo: Polar, Passiflora, Flpprz y Crossover, entre otros.
Después de la experiencia de Dylan, la verdad es que no supimos cómo aprovechar el buen momento y nos enfriamos un poco, seguimos chiveando y componiendo, pero no levantamos mucho como hubiéramos querido, o como se supone que debimos haberlo hecho. Hacemos mea culpa, nostra culpa, o como sea que se diga. A todo esto, el segundo semestre del 2012 no fue tan productivo como debió haber sido. (Una señal clara de eso es esta página, abandonada desde hace meses.)
Foto por Juan Calivá para WARP.cr
Con repertorio remozado, a escondidas comenzamos a ensayar como trío y no más como dúo. Después de un concierto en el extinto bar Antique, Juan Carlos Pardo, conocido y reconocido músico, nos propuso ser parte del grupo; aunque al principio pensamos que todo era una broma, nos reunimos dos días después y oficialmente lo integramos al grupo. De esto hablaremos en otro post (tenemos que guardar temas para seguir escribiendo) pero lo cierto es que lo que importa acá es que este año lo cerramos con un miembro más que como comenzamos el 2012. No imaginamos una noticia más positiva que esta, no por el momento.
Como trío estamos trabajando en un segundo disco que vería la luz en este 2013, además, sin más por el momento, les adelantamos que también tenemos uno que otro secreto importante que verá la luz antes de que el calendario vuelva a agotarse una vez más.
Ansiosos, entusiasmados, ilusionados le damos la bienvenida al 2013. Esperamos poder darles muchas sonrisas musicales a la gente que nos sigue. Esperamos inspiración, claro está, pero solo con eso no hacemos nada. La meta, este año, es actuar y no quedarnos de brazos cruzados, así ni siquiera podríamos tocar medio charango.
¡Feliz y productivo 2013 tengan todos y todas!

Bob Dylan está en pleno Palacio de los Deportes. ¡Claro que sí! Ahí no más de la casa del Team florense, a un kilómetro de El Fortín y a poco más del Paseo de las Flores. Es 5 de mayo y sus fans ticos no pueden creer lo que tienen frente a sus ojos. ¡El hombre es leyenda viva! El hombre es LA leyenda.
Aquel día nosotros tampoco podíamos creer que nos hubieran elegido para abrirle a semejante ente musical. Pero una vez que llegó el momento de darle, no tuvimos más remedio que aceptar que aquello no solo era verídico, sino que también era cierto.
En el fondo, muy en el fondo, de nuestras desmirreadas figuras teníamos la esperanza de conocer a aquel hombre tras bastidores. No sabíamos qué le íbamos a decir, no teníamos preparado ningún discurso y no le teníamos ningún regalito criollo, como una pequeña carreta tallada en madera o una bolsita de Guayabitas ni Tricopilias… En resumen, si llegábamos a toparnos a Dylan frente a frente, no hubiéramos sabido qué hacer (además de emocionarnos, claro está).
A pesar del combo de emoción y fe, ya nos habían advertido que conocer a aquel hombre era prácticamente imposible. De hecho, una buena fuente nos había asegurado que él era inaccesible, y prácticamente invisible. Aquello sonó consecuente con el momento en el que su staff ordenó que todos los presentes abandonaran el Palacio de los Deportes para la prueba de sonido.
Guardas, conserjes, técnicos y curiosos tuvieron que dejar las instalaciones, mientras que a nosotros nos hicieron jurar y perjurar que no abandonaríamos el camerino mientras la banda de Dylan probaba todo en tarima.
Hicimos caso… ni que fuéramos tan, tan tontos. Probaron, bajo, guitarras, teclado, batería, percusión y… “¿dónde está Bob Dylan?”, nos preguntamos. Nunca lo escuchamos ni chistar. Estamos seguros que Bob Dylan no estuvo ahí para la prueba de sonido.

Foto: Leo Carvajal
Tampoco supimos nunca dónde estaba el camerino del grupo estrella de la noche, pues ni estaba en nuestro rango visual, ni supimos cómo se llegaba a él. Lo que sí sabemos es que, conforme se acercaba nuestra hora de subir a tarima, se deshacía nuestra fe en conocer a don señor.
Y es que, ¿quién no querría obtener una evidencia fotográfica de haber estado en la misma tarima que semejante figura musical? Obtener una foto con él hubiera ameritado un digno espacio en la pared de la sala, junto al trofeo de fútbol de la escuela y el paño con el diseño de billete de ¢5.000.
También soñamos con haberle dado la mano u haberle insistido en que dijera “pura vida Costa Rica” y se pusiera la camisa de la ‘Sele’. Pero no, no hubo oportunidad de hacer nada de eso.
Nosotros tocamos durante nuestra media hora cronometrada; luego salimos sonrientes, alegres y orgullosos de la tarea que acabábamos de hacer y caminamos al camerino, suspirando por la tarea recién hecha. Pero, después de unos segundos de nuevo nos preguntamos “¿dónde está Bob Dylan?”. Nunca lo supimos, hasta que lo vimos ahí encaramado, haciendo de las suyas con su banda de lujo.
Su show fue una joyita y la gente lo vitoreó. De eso hay pruebas; nosotros fuimos parte de los que lo miraron boquiabiertos, de nuevo dudando si aquello realmente estaba sucediendo.

Por si al llegar hasta acá sigue sin saber quién es Bob Dylan…
Comenzó, siguió y se acabó el concierto y, finalmente, le entregamos varias copias de nuestro disco a alguien de la productora Evenpro, que nos prometió que le haría llegar los álbumes a las personas que rodeaban a Dylan desde más cerca. Aquella misma persona -encargada de traer al magnánimo artista- nos comentó que ni él ni sus socios lo habían visto antes de su propio concierto. “Es un tipo muy reservado, no se mete con nadie”, nos dijo. La historia estaba escrita: no conoceríamos a Bob Dylan nunca, ni siquiera aquella noche que lo tuvimos tan cerca.
En efecto. Cuando salimos del Palacio -unos 40 minutos después del show-, había varios fans que esperaban la salida del músico por la parte de atrás del Palacio. “¿Dónde está Bob Dylan?”, preguntaron, a lo que un técnico respondió sin rodeos: “Ah no, ese mae jaló apenas terminó la última canción, ahí ya no queda nadie”.
¿A quién le gusta que le digan mal el nombre? …ni siquiera a Jecsinior. Es por eso que queremos hacer la aclaración de que:
¡No nos llamamos Foffo Godoy! ¡Carambas!
Quién sabe cómo o porqué, hay muchas personas que leen así nuestro nombre. ¿Se parecen mucho la “o” y la “d” como para confundirlas de esa manera? Les damos el beneficio de la duda; tal vez sí se parecen por la bolita. Sin embargo, de repente sentimos que el error es tan común que tuvimos que formarnos nuestra propia hipótesis sobre esta equivocación:
En Costa Rica estamos tan familiarizados con la familia Mejía Godoy que quizá asumen que Foffo Godoy es el apodo de Rodolfo Godoy, primo de Carlos Mejía Godoy y Luis Enrique Mejía Godoy, tío político de Luis Enrique y Ramón.
¿Será que es eso lo que piensan de nosotros? Bueno, si su teoría era esa venimos a refutarla. No hay tal Rodolfo en el árbol genealógico de la prolífica familia nicaragüense (o por lo menos no es famoso). Si es que existe, lamentamos contarles que nosotros no somos él. Si aún le quedan dudas, les abreviaremos la justificación para que nos crean: la segunda parte de nuestro nombre no es Godoy.
Este es el error más frecuente a la hora de decir Foffo Goddy, un nombre que en algún momento pensamos que sería fácil de encontrar en Internet, pero que, probablemente, no es el más pegajoso o catchy. “¿Para qué se ponen un nombre tan complicado?”, nos dijo un amigo.

Imagen tomada el 29 de mayo en el Auditorio Nacional.
Agradecemos de verdad que ACAM haya incluido nuestro nombre en la lista de artistas nacionales que apareció en la manta que decoraba el escenario de la ceremonia de este año. El problema fue que nuestro nombre apareció tan grande como mal escrito, lo que nos motivó a hacer esta aclaración.
Eso sí, desde mucho antes ha habido quienes nos han apodado de otras formas diferentes a como realmente nos llamamos, así que era cuestión de encontrar una evidencia fotográfica para terminar de escribir este texto.
Ahora, sigamos con los fails de nuestro nombre; vamos entonces con el apartado “8 formas de decir mal nuestro nombre”, pues también nos han dicho de las siguientes maneras:
Y solo para aclarar, asumiendo que es necesario. Foffo Goddy se pronuncia “Fofo Godi” aunque se deletrea F-O-F-F-O (espacio) G-O-D-D-Y.
Nunca nos hemos enojado con alguien que falla al decir nuestro nombre (edit: sabemos que es un error humano que a cualquiera le pasa); en realidad siempre sonreímos con timidez, como quien no sabe decir que no nos llamamos así. Sin embargo con este texto, no está de más hacer la corrección del caso, así que agradecemos la corrección.
Antes de concluir con este texto queremos comentar que, si usted tiene una banda, o piensa en formar una algún día, tal vez usar un nombre como “Los caballeros del zodiaco”, no sean tan mala idea. Aunque ya exista en Internet, de fijo la gente se va a acordar mejor…

..que no nos llamamos Foffo Godoy :(
Este post tiene una relación directa con el que le antecede, así que tal vez usted quiera leer el anterior.
La pregunta nos la han hecho muchas veces y aquí está la explicación oficial, la de “veritas”, la respuesta larga, pero necesaria. Advertimos que la historia no es tan interesante.
En el 2008, cuando recibimos una llamada para participar en un concierto con Patiño Quintana y Elemento, todavía no nos llamábamos de ninguna forma, lo que nos facilitaba la tarea de no existir. El momento de “ser” nos parecía lejano. (Guarde esta frase filosófica tan profunda entre sus apuntes.)

Con apenas cuatro piezas de repertorio, tener nombre era aún impensable, pero a pocos días del mentado chivo tuvimos que correr en la decisión de cómo nos llamaríamos, para aparecer de alguna forma en el afiche.
La discusión del nombre sucedió por teléfono, quién sabe cuánto duró, pero al principio de la llamada nos pusimos tres reglas que serían determinantes para el nombre final:
Aún por teléfono comenzamos a lanzar ideas, con sílabas irrisorias y ausentes de significado por sí solas. De repente, entre tanta jugadera silábica llegamos a la idea de Godi Fofo y luego Fofo Godi (así como lo ve).
(Inserte un silencio acá en señal de reflexión.)
Quién sabe cómo, dentro de aquella ridícula conversación, se nos ocurrió esto pero a ambos nos hizo gracia y comenzamos a darle vuelta a la idea mientras nos carcajéabamos. En aquel momento, además, le encontramos cierto sentido:

Ellos son Fofo y Godi. <3<3
Fofo y Godi son grandes amigos nuestros desde el colegio, pero acá sus nombres reales los mantendremos en secreto para no avergonzarlos revelando su identidad. Aprincipios de la década pasada, al primero se le apodó “Fofo” como abreviatura de “Fósforo”, por su contextura delgada y prominente cabeza.
Al segundo, le pusimos “Godinez” por sus frecuentes ocurrencias en clase en los momentos más inoportunos, tal y como el personaje de la escuelita del Chavo del 8, que interpretaba Horacio Gómez Bolaños.
El hecho de que el nombre viniera de dos buenos amigos nos hizo mucha gracia, e inmediatamente nos hizo probar otras ideas compuestas con apodos de compas: “Pussy Fresa”, “Cemen Tuma” (de Cemento y Tumadre) o “Marcia Gordillo”… evidentemente tuvimos que descartar estas últimas combinaciones.
Habiendo elegido Fofo Godi tomamos la decisión de escribirlo diferente para que se pudiera pronunciar de la misma forma en inglés que en español. El filólogo Miguel Vargas Arroyo –quien también es amigo nuestro así como de Fofo y Godi– nos justifica la decisión ortográfica de la siguiente forma:
“La doble consonante abrevia la vocal previa. Si fuera solo ‘Fof’ se pronunciaría ‘fof’, si fuera ‘fofo’ se pronunciaría ‘foufo’, la segunda O modifica la primera haciéndola más larga. La doble consonante le devuelve a la primera O su sonido original y devuelve la proncunciación ‘fofo’. Igual pasa en Goddy, donde la Y no hace ninguna diferencia, sino que la doble D genera que la O vuelva a ser corta “o” en vez de larga ‘ou’ “.
Y así entonces, nuestro nombre terminó siendo el Foffo Goddy de hoy. Por un momento pensamos que habíamos cumplido las tres reglas que nos impusimos desde un inicio. Sin embargo hemos notado que, lejos de ser pegajoso, el nombre se presta para muchas confusiones… pero de eso hablaremos en los próximos días.
¿Usted en qué piensa cuando escucha el nombre “Foffo Goddy” por primera vez?

Foffo Goddy incluye siete canciones inéditas. Fue grabado en Miut Audio en el periodo 2010-2011 y se publicó en línea el 17 de enero del 2012. No está disponible en formato físico sino únicamente para descarga gratuita.
Esperamos que lo disfruten y, si es así, que lo compartan.

Hace rato que queríamos decir esto y que fuera en serio.
Ahora que podemos decirlo con toda propiedad es como un sueño hecho realidad. (por más cursi que suene)…
¡Finalmente tenemos disco! yahoo, woohoo… Sabemos que a nadie le emociona tanto la noticia como a nosotros pero es que era una tarea pendiente que inclusive temíamos no lograr antes del fin del mundo. Sin embargo hoy decimos: ¡ahí tenés mundo!
Erm… sí.
“Foffo Goddy” (el disco) comenzó a grabarse a mediados del 2010. Desde entonces (y hasta ahora) mucha agua ha pasado bajo el río: remodelamos piezas, alargamos repertorio, cambiamos de instrumentos y poco a poco hemos ido sumando experiencia en los escenarios criollos. Este disco se convierte entonces en un buen resumen de lo que trabajamos en este año y medio que llevamos desde haber debutado oficialmente en concierto.
Para cuando comenzamos a grabar Daniel (Bissinger) ya tenía un poco de experiencia grabando en estudio; yo (Arturo Pardo) no. Así de simple. Ni en conjunto sumábamos una cantidad significante de horas en este oficio; eso, sin duda, dificultó la labor en las primeras sesiones de grabación. La mezcla de inexperiencia con nervios dio al traste con tomas poco útiles en términos de las deseadas para el disco.
Al principio la idea que teníamos era de grabar solo cinco temas. Todos ellos pretendían tocaban el tópico de la despedida en diferentes formas, aquello hacía del EP un trabajo temático o conceptual. Con esa idea clara retomamos la grabación de instrumentos desde cero y entonces el proceso comenzó a avanzar más en serio. Más tarde además se incluyeron dos canciones más que mostraban otras facetas más alegres del dúo. La decisión fue atinada.
La decisión de intentar algo diferente en la forma de grabar fue de nuestro mayor colaborador y propulsor en este proyecto: Giancarlo Tassara, cabeza del estudio donde hicimos todo el trabajo. Miut Audio nos sirvió de casa para registrar las canciones que hoy debutan en un álbum. Tassara hizo las de consultor mientras nos grababa, algo que fue de gran utilidad para tener un tercer criterio de peso sobre lo que estábamos haciendo desde buen inicio.

El proceso se extendió más de lo que hubiéramos pensado por diferentes motivos sin embargo el periodo amplio también sirvió para madurar las ideas y proponer algunos cambios a las ideas originales. Uno de esos ejemplos es la canción …And the Hand Waved, que, cuando grabamos las guitarras en el 2010 era una pieza instrumental y hoy, se ha convertido en una especie de sencillo para nosotros, con un interesante juego de voces.
En cuanto al lado negativo de la espera tenemos la obvia incertidumbre y los cúmulos de ansias cada vez mayores. Por otro lado, hay varias canciones de nuestro repertorio que algunas personas esperaban que estuvieran en este disco y que, por cuestión de la época en la que fueron escritas, se quedaron por fuera a pesar de que aún hoy podrían verse algo añejas. En fin, el proceso se extendió lo que tenía que extenderse, sentimos que este es el momento que le corresponde a nuestro disco y por eso hoy celebramos.
Avanzando en la grabación vinieron las correspondientes cantadas, una por cada lado y a veces las dos simultáneamente cuando era necesario (aunque Daniel prefería que no grabara junto a él jo jo). Llegando casi al final de aquellos días de grabación, sumamos algunas palmas y un whistle para Flying Bull así como una percusión en Between the World and Me y ¡listo!
La mezcla corrió por cuenta de dos grandes amigos: el mismo Tassara y Manuel Mora Fairén, también en Miut Audio. Además Manuel también nos colaboró en varias sesiones con sendas recomendaciones. y se entusiasmó a interpretar parte de la percusión que se escucha en Between the World and Me. Finalmente Tassara se hizo cargo de la masterización.
En el departamento creativo no podemos dejar por fuera a dos increíbles amigas del dúo: Amanda Velásquez y Mariana Robert. La primera hizo un lindísimo trabajo para las artes que vienen en el disco así como para el diseño del logo. Nos escuchó cuando fue necesario y luego tomó iniciativa con mucha confianza, nos presentó varias propuestas y hoy el arte que le da tapa y contratapa al álbum es obra suya.
Mariana es otra gran amiga de ambos y afortundamente nos aceptó la solicitud que le hicimos de que nos tomara fotos para el disco así como para la etapa de promoción y demás… Pasamos toda una mañana y media tarde a las órdenes de su lente en una preciosa casa de otros amigos, en Heredia. Las fotos que nos tomó nos encantaron, y por eso hemos tratado de compartirlas por todos los lugares que sea posible.
Ahora que tenemos un álbum afuera no vamos a decir ya podemos morir tranquilos; todo lo contrario, con la salida de este disco cerramos una etapa pero empezamos otra nueva… Esperamos que este 2012 nos deje lanzar un segundo disco… pero por ahora nos dedicaremos a celebrar de forma merecida. ¡Gracias!

Llegó la hora de compartir nuestra canción titulada “…And the Hand Waved”. Cuando salga el disco (en enero), esta y todas las demás canciones se podrán descargar de forma gratuita. Por ahora, si disfrutan la pieza, agradecemos que la compartan.

Bar Jam, carretera a Santa Ana, 21 de noviembre, 2008.
Aquel fue un concierto de prueba y error, aunque fueron más los errores que las pruebas. En un paralelo a la televisión aquello sería como un capítulo piloto en el que nosotros estábamos haciendo un casting con nosotros mismos; nos pusimos en las pieles de muñecos crash test dummies, para ver de qué estábamos hechos. Nosotros éramos los primeros en presentarnos, luego seguía Patiño Quintana (el grupo que nos invitó) y finalmente Elemento, un grupo que –aparentemente– ya desapareció. El buen Erick Román hacía sonido y la verdad fue muy paciente con nuestra falta de experiencia.
El local estaba a medio llenar pero nosotros éramos el abre bocas, así que era comprensible que no estuviera el público en su totalidad para cuando íbamos a comenzar. Nuestro ensayo-repaso fue en la entrada a los baños del lugar (era lo más privado que podíamos encontrar), por lo que le estorbábamos a los clientes y nos hacían caras de pocos amigos por atravesarnos en la petición de sus vejigas y su objetivo final. Después de la breve y necesaria revisión de las piezas subimos con los dedos cruzados… y con el pie izquierdo.
Bastaron pocas notas para corroborar que la consistencia de nuestro material no era muy buena. Las pifias nos acompañaron durante las cuatro piezas de la noche, lo que conformaba un repertorio suficiente para demostrar lo que ya sabíamos: todavía no estábamos listos para chivear.
El 21 de noviembre del 2008, Foffo Goddy hizo su debut en tarima. El nombre lo habíamos elegido pocos días antes, en un intento desesperado de oficializar nuestra existencia, por lo menos para tener presencia en un bendito afiche.
La presión externa sirvió para aquello y el conjunto logró apodarse a tiempo para la ocasión. En el 2005 había sido la última vez que los dos músicos involucrados habíamos compartido tarima, por lo que nos sentíamos herrumbrados en el tema. Desde entonces mucha agua había pasado bajo el puente, pero poca había sido la aprovechada para la causa.

Para entonces, el setlist de Foffo Goddy era tan pobre como la habilidad para tocarlo de memoria. Con un atril en frente tratábamos de disimular nuestras dudas con las líricas, pero ni así. Innocent Victims quizás fue la primera canción del repertorio de aquella noche. Esa fue también la primera pieza que ensamblamos a dúo.
Las otras composiciones incluidas aquella noche (y las únicas que teníamos por el momento) fueron Parents and Son, una pieza sin título y Confused Memory. Esta última era un arroz con mango de riffs y versos, no tenía un coro establecido, era larga y con una estructura amorfa y molesta. En aquel momento esa nos gustaba pero poco tiempo después optamos por modificarla y finalmente por descartarla.
La pieza sin nombre se quedó también sin padrinos y sin interesados, por lo que la tiramos al basurero, mientras que, Innocent Victims, se quedó en el estañón de reciclaje (y hace poco la juntamos para reutilizarla en otro formato). De aquellas cuatro canciones Parents and Son es la única que ha sobrevivido practicamente intacta hasta el día de hoy. Esa pieza es tuanis… decimos nosotros.
Aquel setlist era corto, apenas como para subirse al escenario, tomar los instrumentos, experimentar la temblorina a dos voces y cuatro manos y bajarse sin estar muy claros de qué había pasado.
Hubo aplausos, eso no lo podemos negar, pero provenían principalmente de amigos y familiares que nos fueron a ver con la mejor disposición del mundo. En nuestras cabezas sentíamos que merecíamos salir por la puerta de atrás… pero el lugar no tenía. Aquel bar Jam lo cerraron meses después de que lo visitamos por primera y única vez.
El concierto nos dejó buenas lecciones, la mejor de ellas, decidir no volver a tocar hasta que no tuviéramos un repertorio más largo y que, además, estuviera más pulido. Nos enfrascamos durante casi dos años, hasta que decidimos aceptar que ya nos estaba agarrando la hora del burro y debíamos vencer miedos y subirnos al escenario una vez más.
Aquel segundo capítulo fue hasta el 4 de setiembre del 2010, una vez más gracias a la invitación de Patiño Quintana. De ese capítulo hablaremos en la siguiente entrega…

Fotos del 2008 por Ivanno Tentori.